EL CERRO…

22 Oct

SE RECOMIENDA LEER EL ARTICULO ANTERIOR (EL NAZI https://matbice.wordpress.com/2010/10/21/el-nazi%e2%80%a6/#more-50 )

Tuvimos muchas mas aventuras en el cerro, se sumaron mas amigos, a las expediciones, días de sol, días con lluvia, días con nieve, incluso una vez subimos el día después del aluvión, nos sabíamos el cerro de memoria. Llego a ser tan familiar subir el cerro que un día formamos 2 grupos, para hacer una simple competencia, esta consistía en que grupo llegaba primero al anfiteatro. A esta carrera le tomamos el tiempo, gano el grupo en el que iba yo, hicimos el recorrido en solo 35 minutos. Eso si el anfiteatro ya estaba siendo un poco monótono, era nuestro lugar, pero lo que todos queríamos en el fondo era encontrar la cueva. Hicimos numerosas expediciones buscándola, tanto así que esta se transformo casi en un mito, encontrarla era imposible…

Estamos algunos, esta foto es para hacerse una idea de lo que fue… Faltan personajes.

 

Un día de invierno, nos juntamos para subir al anfiteatro, había llovido el día anterior y estaba nublado. Lo que más me gusta de los días después de un día de lluvia, es como todo se vuelve más nítido, aparte que es un agrado cuando la lluvia limpia el smog en Santiago. Llegamos como siempre al anfiteatro, tomamos agua y comimos el picnic. Luego del descanzo, nos pareció buena idea seguir el camino de autos, por el cual el supuesto “nazi” transitaba desde su casa en la punta del cerro, hasta la civilización. Este camino iba por detrás del cerro, el camino era en bajada por lo cual se podía trotar camino abajo, con el aire en la cara, el sonido de los animales. Lo mejor eran las conversaciones, cuando uno sube un cerro todos tienen ritmos distintos, por lo que siempre uno tiene compañeros diferentes, por ejemplo, si suben 10 personas, uno nunca va a ir caminando con los 10 y conversando todos al mismo tiempo, por lo que uno conversa solo con la persona que tiene al lado, y no todo el camino se esta con la misma persona, esto va rotando.

En estos paseos de aventura siempre hay un punto de decisión, en el cual uno se lanza a la aventura o llega donde había llegado siempre, y luego se devuelve. Nosotros éramos de los que continuaban, íbamos bajando este camino, abajo se veía un tranque con una casa al lado. Debo admitir estos paseos tenían un toque de adrenalina, ya que encontrarnos con el nazi en su territorio, no era algo que nosotros queríamos experimentar, pero nuestro espíritu de niños aventureros nos daba cierta seguridad.

LA CASA

En el camino había un sector apícola donde tenían unos 15 panales, no nos acercamos, pero si pensamos en un día ir con un tarro a sacar miel del panel, lo cual en este minuto no se si hubiese sido una muy buena idea…. Seguimos bajando por un camino lleno de pinos grandes, hicimos una carrera hasta llegar abajo…. Llegamos al tranque, estaba semiseco uno caminaba y el suelo se movía, miramos bien y eran pequeñas ranitas, estaba lleno unas cafés, otras negra, las tomamos para hacer carrera de ranas. Estábamos en nuestro juego con las ranas, cuando uno de los amigos iba caminando directamente a la casa junto al tranque, lo seguimos.

El día se estaba poniendo cada vez mas nublado y comenzó a lloviznar. Ya en la casa, nos dimos cuenta que en la entrada había una carta, uno de nosotros pensó que era buena idea tirar el sobre por debajo de la puerta para que no se mojara, acto seguido, lo tomo y la tiro….. Hay cosas que son mejor dejarlas como están… empezó una discusión que si alguien volvía y veía que el sobre estaba adentro de la casa, podían sospechar que habían intrusos en el territorio, por lo cual, intentamos con un palito enganchar por debajo de la puerta el sobre y sacarlo, fue imposible. Después de un largo rato de discusión para ver que hacíamos. Uno de los amigos se ofreció para entrar y tomar el sobre y dejarlo donde la habíamos encontrado…. Estos fueron minutos muy tensos, buscamos por donde entrar, hasta que encontramos una ventana abierta. Todos expectantes mirando por otra ventana que daba hacia la entrada de la casa, podíamos ver como nuestro amigo caminaba por dentro de la casa, y tomaba la carta, de pronto un grito Autooo!. Le dimos una señal tocándole el vidrio a nuestro valiente amigo para que se escondiera. Los que estábamos afuera, nos tiramos al suelo rápidamente. El auto que venia, menos mal era el mercedes del 70 del nazi que vivía mas arriba, por lo que siguió su camino y mi amigo pudo sacar la carta sin ningún problema. Dejamos el sobre rápidamente donde lo encontramos y seguimos el camino que volvía a subir por otro lado hacia el anfiteatro.

LOS PINOS

Íbamos caminando y empezó a llover muy fuerte, subíamos por este camino de tierra que en segundos se transformo en barro, estábamos empapados y embarrados de pies a cabeza. Empezamos a caminar más rápido y notamos que uno de nuestros amigos se había quedado atrás, no se veía en el camino. Bajamos un poco, para ver por donde podría estar, nunca pensamos lo peor, pero teníamos que encontrarlo. Gritar en este lugar no era lo mas indicado si no queríamos ser descubiertos por el nazi, pero no quedaba otra solución, gritamos su nombre y nos separamos para encontrarlo. Derrepente apareció por un costado del camino, con 9 pinos chicos, digo chicos, pero cada uno debe haber pesado 3 kilos por lo menos. Tenía 4 en cada mano y uno en el hombro. Estaba como loco, diciendo que era un excelente negocio, que se iba a hacer millonario. Como era el mes de Julio el quería llevarlos a su casa, ponerlos en un masetero y venderlos para Navidad como a 8 mil pesos cada uno. Obviamente parte de la idea era volver por más pinos para hacer crecer el negocio. Este amigo como era el más grande y tenía un discurso muy convincente, terminamos ayudándolo a llevar los pinos…. Llegamos apenas ese día a nuestras casas, embarrados y rasguñados enteros, cada uno llego con un pino o dos pinos a sus casas. El mío recuerdo haberlo plantado afuera de mi edificio, según se, sigue ahí.

Esta época era vivir una aventura con lo mas simple, donde solo se necesitaba un cerro, distintos lugares, misteriosos personajes, y buenos amigos y muchísima imaginación colectiva… Lo pasábamos increíble, aun así, eso si nunca perdimos la fe de algún día encontrar la cueva.

Continuara….. ( tercera parte  https://matbice.wordpress.com/2010/10/25/la-cueva/#more-67 )

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3 comentarios to “EL CERRO…”

  1. Felipe Rodriguez 10/23/2010 a 14:01 #

    Amigo, aunque no fui parte da las aventuras que mencionas en tu relato, si fui parte otras; el mismo cerro, los mismos amigos y decenas de momentos inolvidables. Que buenos tiempos…un abrazo

    el Rata

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