La Isla I

10 Nov

Siempre me llamo la atención la isla de Chiloé, no sabía por que en ese momento, sino que era algo que iba más allá de una explicación coherente. Nunca vi “la Fiera” (una teleserie que su historia pasaba en Chiloé), nunca comí curanto en hoyo, no me sabia ninguna leyenda chilota… en fin… solo sabia, por lo que me habían contado, que uno iba a Chiloé y las personas te abrían sus puertas de sus casas por ejemplo, si no tienes donde dormir, te prestan su patio para poner tu carpa, y si no tienes carpa, te preparan una pieza con cama y todo…. Donde estaban estas personas, eso es algo que yo nunca he visto… por lo menos en Santiago, ni los familiares son tan buena onda, incluso con un familiar uno se complica para pedir algo así.

Estaba Cansado de esta cultura transaccional, quería sentir humanidad en la relación con las personas, con extraños, donde exista esa confianza innata del solo hecho de que somos humanos. Prepare el viaje, me compre todo el equipo, parecía como si mi viaje en vez de ser a Chiloé fuese una mezcla entre escalar el cerro el Plomo y viajar al Tíbet, llevaba de todo (carpa, cooler, cuchillo, hilo, aguja, linterna, una silla, lupa, guitarra, charango, ropa de invierno y verano, etc.…). Invite como compañero de viaje a mi hermano chico, era la primera vez que viajaba con el solo, esto hacia el viaje aun mas especial. Lo invite a descubrir conmigo esta tierra que supuestamente era diferente a todo lo que conocíamos.

Llegamos a Puerto Mont por la mañana luego de viajar toda la noche en bus. Pasamos por Angelmó por concejo de mi papa, para comer una paila Marina, que a su juicio eran las mejores de Chile, no se equivoco. Caminando por la costanera, la vista, el olor y el viento, te daban una sensación de estar en un precipicio colgando y abajo estuviera todo el océano. Las personas con sus botas de agua, sus chalecos y gorros de lana, muestra ese chile netamente marino… Con mi cultura santiaguina, antes de ese momento podía relacionar esa escena con la película Tiburón (donde los pescadores, van a casar al tiburón que se había comido a muchas personas) y alguna otra película que ocurría en algún puerto…. Que pena.

Estaba feliz, tomamos el bus hacia Ancud, dormí una hora y ya estábamos llegando a Pargua, para tomar el Ferri (especie de barco que lleva autos y pasajeros) en dirección la Isla de Chiloé…. Que emoción, tenia en este viaje, veintiséis años, y se pueden imaginar que en estos tiempos lograr emocionarse con este tipo de cosas, es muy extraño. Yo estaba ansioso, feliz por el hecho de cruzar, en un ferry hacia otro lugar. La experiencia no es algo de otro mundo, para las personas comunes y corrientes… pero para mi lo fue. Mirando el mar, el viento con una llovizna fría que te pegaba en la cara, toninas y lobos marinos saltaban acompañando el Ferry, era realmente fantástico.

No podría creer, que quisieran hacer un puente para cruzar a Chiloé, matando esa bienvenida mágica, la verdad es que debería existir en este país una cultura de potenciar lo que tenemos, en vez de destruir e implementar un modelo que se cree que funciona, pero no es, en ningún sentido algo que mejore la calidad global de la isla, su escencia. Si el puente se hiciese uno pensaría que mejorarían la salud, el comercio, etc…. y es un hecho, por el contacto mas directo entre la isla y el continente. Pero creo que mejor es invertir esa millonaria suma de dinero en mejorar la calidad de vida en la isla, invertir en conservar y potenciar su cultura, potenciar el turismo promocionando sus atractivos, haciendo mejores Ferris, construyendo un aeropuerto rico, que se yo … Menos mal se desecho esta loca idea del puente.

Llegamos a Ancud, y nos comunicamos con un tío de segundo grado que yo no conocía, que nos invito unos días a su casa. Nos llevo a conocer todo Ancud, el casco histórico y los distintos barrios, el comercio, caminamos por la playa, llegamos a una cueva… En la tarde nos llevo a Quetalmahue, que es un pueblo cerca de Ancud para que viéramos algo familiarmente importante. Llegamos a este pueblito que parecía sacado de una postal, y nos metimos a un cementerio, nos llevo a una esquina movió unos matorrales y guauuu, ahí estaba enterrado mi Tatara tatara abuelo. Se me pusieron los pelos de punta, ya comenzaba a entender, en parte, el por que inconcientemente quería ir a Chiloé. Algo me llamaba hacia la Isla, es como cuando a uno le gusta una persona y no sabe por que. Nos preguntábamos con mi hermano, el por que mi Tatara tatara abuelo quedaría solo enterrado en ese pueblo, le pregunte a mi tío por la historia de mi tatara tatara abuelo, a lo cual el contesto, que nos la contaría antes de que continuemos nuestro viaje por la Isla. Pasamos ahí la tarde y luego nos devolvimos a Ancud.

Cementerio Quetalmahue

 

Muy temprano al día siguiente mi tío nos despertó para ir a buscar unas ostras que le tenían “guardadas”. Yo no sabia que significaba eso, llegamos a una caleta donde un pescador saludo a mi tío, al parecer era muy conocido, todo el mundo lo conocía. Este tipo camino por un muelle, agarro un palo largo con una punta de metal, y la metió en el mar, donde saco una malla como con unas 103 Ostras.

Obra de Marianne Bessy http://www.mbessy.com/tag/blue/

Mi hermano me dijo, “sabi que cuando guardan las ostras así, se echan a perder y les dan todas esas mareas rojas y enfermedades… bueno no creo que nos pase nada malo”.  Volvimos a la casa y  menos mal yo no comí, ya que el cuento de mi hermano me alerto sobre el tema, eran mis únicas vacaciones y pasarlas en el baño o en un hospital, no tenia gracia. Mi hermano y mi tío se reían de mí mientras se comían esas 103 ostras. Me obligaron a comer una…. que rica estaba, sufrí no comer mas. Bueno para mi tranquilidad, salimos a caminar por Ancud, no alcanzamos a recorrer ni dos cuadras y mi hermano se tuvo que devolver corriendo a vomitar al baño… menos mal no era nada grave, solo una pequeña intoxicación, que le impide comer las ricas ostras, hasta el día de hoy… Al otro día ya estaba bien, la señora de mi tío, lo inyecto un par de veces y se sano… Estábamos listos para seguir el viaje…. y encontrar lo que buscábamos…. Esa cultura de puertas abiertas, gente simple y grandes corazones. 

Llegamos a Castro mas lindo aun, todo de madera, los palafitos, la Iglesia, los barquitos. Nos recomendaron una hostal que quedaba a 3 cuadras, caminamos apenas con nuestro pesado equipaje, el tipo que atendía era un gordo con pinta de Mejicano, que de entrada nos dijo que costaba 15 Lucas cada uno… carísimo, pero pagamos igual, no queríamos caminar tanto con nuestro pesado equipaje, es mas le hubiera pagado diez lucas a una persona para que nos los llevara, a otro lugar. Aparte el lugar igual me gusto, tenia buen espacio, desayuno y tele en la pieza con TV cable (muy capitalino aun). Dejamos las cosas y salimos a caminar… mmm, no se, me dio la impresión de no estar en el lugar que quería estar. Ancud era como Pichilemu, y Castro era como Concon. No es que no me guste Pichilemu ni Concon, solo que quería algo distinto. Llame a un amigo que habia estado en Chiloe, y le pregunte por lugares, me dio una lista de lugares y me dijo que fuera al final a un lugar que se llamaba Cucao, pero que no fuera al principio del viaje, por que el lugar me iba a gustar tanto que me iba a quedar pegado, y no iba a conocer otros lugares… Obviamente con esas referencias, parti esa misma tarde a comprar 2 pasajes para partir en la mañana del día siguiente a Cucao, mas encima daba la casualidad que llegábamos justo a la fiesta de la luna que se hace una vez al año en Cucao.

Ya era un nuevo día, baje solo a tomar desayuno y estaba nuestro anfitrión vestido me mejicano, borracho y viendo un video de Elvis Presley, me pidió que lo acompañara un rato… me contó que Elvis era su ídolo, y otras historias que no recuerdo…. Solo me acuerdo del el borracho y disfrazado de Elvis, notable sin duda, me sirvió un baso con su brebaje, el cual acepte por que sabia o sentía que era importante para el sentir compañía en ese especial momento. Lo deje solo cantando y fui a tomar desayuno. Luego desperté a mi hermano y partimos la estación para ir camino a Cucao.

Era una micro que estaba llena, al principio tuvimos que irnos parados por que nadie respetaba los números. La tripulación del bus eran en su mayoría una mezcla entre metaleros y Punkis…. Estaremos yendo al lugar correcto? Nos preguntábamos, pero ninguno lo dijo en ese momento, solo nos reíamos y poníamos nuestra música en unos parlantitos, que era una mezcla entre Intiillimani y Britpop, que competían contra Pantera, Peniwais, y otras músicas que venían de otros asientos. Llegamos a un lago, donde se veía un pueblo de madera que me teletransporto enseguida, me hizo sentir una tranquilidad y unas ganas de vivir en ese lugar algún día. Me informe con otro pasajero que ese lugar se llamaba Huillinco, igual que el lago.

El camino hacia Cucao cada vez se ponía mas lindo, e interesante, recuerdo que en una parte del camino de tierra, tuvimos que bajarnos todos del bus, por que este no podía pasar con peso por una subida complicada. Finalmente luego de una hora y media de viaje, llegamos a Cucao, le pedimos al chofer que nos deje en un camping que se llamaba “EL Fogón de Cucao” que en la estación de buses nos recomendaron…. Seria este el lugar que buscábamos, encontraríamos finalmente esas personas…….

Continua…. (Parte 2 https://matbice.wordpress.com/2010/11/11/la-isla-ii%e2%80%a6-pocahontas-la-mami-el-chilote-jose-y-mas%e2%80%a6/#more-159 )

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7 comentarios to “La Isla I”

  1. paula 11/10/2010 a 14:30 #

    falta…e pue….!!! jujuju!!! falta historia!!! estaba wena…

  2. david 11/14/2010 a 23:25 #

    Me gustaría que incluyeras fotos propias en tus historias (Tú con tu hermano, una en el barco, de Cucao, etc),
    sin embargo, encuentro muy favorable el uso de imágenes de internet tales como el Mejicano y Beavis & Butthead.

    Saludos.

    • nomeaburro 11/18/2010 a 18:12 #

      David, siempre que tenga fotos las pongo, si no pongo alguna que baje de Internet y que me evoque al tema…. por ultimo si tengo pocas mías mezclo.. Aunque seria excelente

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