La Isla 4… Ostras, cantinas y rock… y nuevamente el Chilote Jose

22 Dic

Para entender toda esta historia, recomiendo leer desde la primera parte…: https://matbice.wordpress.com/2010/11/10/la-isla-i/ 

Hice mi mochila para tener todo listo y partir al otro día en la mañana. Salí de mi pieza a tomarme un vinito con mi amiga Pocahontas. Ella estaba con las dos alemanas y el francés, sacamos una botella y les conté del viaje que quería hacer a Detif, que según me habían contado, en este lugar uno ve los delfines todo el rato, y otras excentricidades marinas como las ballenas y orcas.  Ellos por otro lado querían conocer Dalcahue y cruzar a la isla de Quinchao para ir a Curaco de Vélez… Pensé… y como yo no conocía esos lugares, les propuse que hiciéramos juntos el viaje. A todos pareció gustarles la idea… Solo mi gran amiga Pocahontas tenía muchas ganas de ir, pero tenia que trabajar… Hicimos un salud, nos tomamos la última copa y nos fuimos a acostar, para partir temprano nuestra nueva aventura.

Ya era otro día, me levante tranquilo, me duche y fui a tomar el clásico desayuno con queso de campo. Y ahí estaba don Exequiel al lado de la cocina a leña tomando mate, tomamos desayuno juntos con el y su familia. Ya era hora de partir, salimos afuera del hospedaje, por donde pasa el bus que va a castro. Ya estaban listos mis otros compañeros de viaje (el francés y las dos alemanas) nos despedimos. No tenia pena ni nada, por que sabia que luego volvería para hacer el viaje que me había invitado don Exequiel a la playa Cole Cole… Lo único que sentí fue la pena de Pocahontas, ya que sabía que a ella le hubiese encantado hacer este viaje con nosotros.

El paisaje saliendo de Cucao es increíble… que pena irse de ese lugar. Llegamos a Castro y estaba realmente lleno de personas, por lo que caí en el mismo error, y fuimos directamente por mi concejo, al hospedaje caro del mejicano, donde me había quedado unos días antes. Llegamos a la puerta del hospedaje y ahí estaba vestido de Mexicano y con unos tequilas de más. nos mostró las piezas, a mis amigos les gusto el lugar, pero no cabíamos todos. Por mi lado, el lugar tenía algo que me gustaba, por lo que pague mi pieza. Los otros fueron a un hospedaje que quedaba justo al frente. Estaba cansado, por lo que me fui a mi pieza para dormir una siesta y tener energías para hacer algo en la noche. Me desperté como a las 7 de la tarde, me duche y baje para ir a buscar a mis amigos. Ahí estaba el mexicano cantando rancheras, antes que me diera la lata, pude escapar en búsqueda de mis amigos. Fuimos a un bar de la plaza principal de Castro. Los bares en castro son muy rokeros, muy entretenidos…  yo lo llamaría mas que bar, una cantina, esas que sirven shop, pero no de medio litro, ni de un litro, sino que había un shop de 6 litros, se llamaba yarda…. Pedimos una yarda un hot dog Italiano (salchicha, palta, tomate y mayonesa; como los colores de la bandera de Italia) uno para cada uno… todo esto al son de las canciones y videos de Guns and Roses… Luego nos tomamos otra yarda y después a dormir para seguir nuestro viaje a Dalcahue.

Temprano en la mañana nos levantamos, las alemanas, necesitaban sacar unas fotocopias, por lo que busque rápidamente algún local. Entro a una librería y digo “hola, tienen fotocopias”…. Y desde el interior de la tienda escucho una voz de mujer gritando mi nombre…. Era Pocahontas que había ido a hacer un trámite a Castro por el día. Excelente encuentro…  puse todo mi esfuerzo en convencerla para que llamara a don Exequiel y le pidiera el día libre para que fuera con nosotros a Dalcahue. Mi poder de convencimiento fue absoluto así que llamo y le dieron permiso.

Partimos el viaje, todos juntos de nuevo, dos alemanas, un frances, Pocahontas y yo. Llegamos a Dalcahue, un pueblo muy lindo y pintoresco, arrendamos una cabaña con 3 piezas cocina, baños terraza a solo 20 mil pesos, una verdadera ganga chilota. Luego fuimos al supermercado, compramos cosas ricas para cocinar, un ron blanco, yerba buena, azúcar flor, limones, agua mineral y hielo para hacer mojitos en la noche. Una vez comprado todo, lo pasamos a dejar a la casa y partimos a la isla de Quinchao, cruzamos en el ferry, el viento frío del mar interno de Chiloé se te metía por los poros, recargándote con una energía especial. El mar del pacifico ciertamente tiene algo que endúrese la actitud, será el frío penetrante, lo refrescante que entra el aire a los pulmones… que se yo. Luego tocamos tierra en la Isla de Quinchao, en el bus iba mirando desde las lomas se veía el mar, Chiloé y el continente, con un cielo azul… Yo iba escuchando música con mis audífonos, mirando y pensando en como mi viaje se transformo, partió de una forma y ahora me encontraba viajando con cuatro personas mas desconocidas, que se encontraron en un mismo camino. Son cosas que no pasan todos los días.

Llegamos a Curaco de Vélez, a comer las ostras gigantes. Me compre tres ostras de $1.500 y dos de $600, también comí un par de empanadas de queso, todo esto acompañado de un vaso con vino blanco, no tengo que explicar que es algo que hay que hacer…., estaba comiendo cuando justo escucho la música que estaban tocando y era nada mas ni nada menos que el tema del “el Chilote José”, Pocahontas se emociono y cantamos juntos. Increíble que días antes habíamos estado con mi hermano y el mismísimo chilote José en Cucao. Luego de un rato, nos subimos a otro bus y partimos a Achao, para ver la iglesia que alguna vez no tuvo ningún clavo, muy bonito todo, pero era eso. Para matar el tiempo jugamos Frisbee en la plaza de Achao, solo queríamos irnos a cocinar y a hacer los mojitos, en nuestra rica casa que nos esperaba en Dalcahue.  

Esa noche bailamos, cantamos, tocamos guitarra, salimos a caminar por las calles, contamos chistes, historias y todos muy amigos, una conexión que fue tan mágica y se dio en un minuto determinado donde nos encontramos y todos estábamos en la misma sintonía. Estuvimos en esto hasta como las cinco de la mañana… creo. Al otro día, una caña del terror, me levante y las alemanas ya tenían preparado el desayuno. Nos sentamos en una mesa en la terraza, y tomamos el desayuno en silencio. Era penoso, con el Frances hicimos muy buena amistad y el partía ese día hacia Centroamérica nos despedimos, nunca mas supe de el. Pocahontas tenía que volver a trabajar con don Exequiel al hospedaje y las alemanas iban a Quicavi un pueblo más al sur de la isla de Chiloé. Yo tome el mapa y elegí cualquier lugar, mi dedo cayó justo en Queilén. Ordenamos las cosas y nos despedimos.

Camino a Queilén desde Dalcahue, eran como 5 horas, mirando el paisaje y escuchando música. Me llamo la atención una parte del camino donde uno veía el continente y como 5 volcanes nevados, era realmente hermoso. Finalmente llego el bus a Queilen, le dije al chofer que me dejara en la plaza principal. El parecía como abandonado, volaban esos manojos de paja por la plaza, tal como una antigua película de vaqueros. Para mi suerte en la plaza había un hotel, este se llamaba “Plaza Hotel” (versión Queilén). Pedí una pieza y deje mis cosas, fui al primer piso donde había una especie de cantina, pedí un lomo a lo pobre (lomo, papas fritas, cebolla frita y huevos fritos) con una botella de vino. El lugar tenía un televisor con TV cable, la prendí, pedí el control remoto y busque alguna película ad hoc a mi situación. Tome y comí toda la tarde. Recuerdo haber visto una película que hablaba de la vida de Peter Selers, interesante, me sentí en cierto punto identificado… Terminada mi comida, mi vino y mi película me fui tambaleando a dormir a mi pieza, no quería nada mas, echaba de menos a mis amigos.

A la mañana siguiente desperté enfermo de la guata… bueno me las estaba buscando. En esa convalecencia llame a mis amigas alemanas, ellas también se sentían raras, por lo que les propuse que nos juntáramos en Chonchi, para que me acompañaran a conocer el pueblo de Detif que quedaba en la Isla de Lemuy. Este era mi destino si o si, por las cosas increíbles que me habían contado sobre ese lugar.  “mi yerno me contó que era un lugar mágico que el había ido como hace 15 años, donde la gente es extraña, pero muy amable. También supe de la Isla de Lemuy por que estando en Cucao un día que caminaba con mi hermano, conocimos a una persona de santiago que estaba viviendo, en Puqueldón (que queda en Lemuy) y nos contó que cada vez que el cruzaba en el ferry, veía muchas toninas”. Yo quería ver muchas toninas, y mis amigas alemanas también, por lo cual las convencí y quedamos en juntarnos a las cuatro de la tarde, ese mismo día en Chonchi, para seguir nuestro viaje en dirección a Detif…

Continuara…..

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